El poder de la cercanía: ¿Por qué el turismo del futuro necesita menos estadísticas y más empatía?

Cuando planificamos un destino o diseñamos una nueva experiencia turística, es muy fácil dejarnos llevar por las cifras: cuántos visitantes llegan, cuánto gastan o qué porcentaje de ocupación hotelera logramos. Sin embargo, los números a menudo ocultan la realidad más importante: las historias, las dinámicas humanas y el pulso real de las comunidades que sostienen el territorio.

El prestigioso Journal of Sustainable Tourism acaba de publicar un volumen especial que pone el dedo en la llaga con un título contundente: "Reaffirming Ethnography for Sustainable Tourism" (Reafirmando la etnografía para el turismo sostenible), bajo la edición de los expertos Paolo Mura y Catheryn Khoo.

¿Qué significa esto en la práctica para quienes gestionamos el turismo? Significa una invitación —y una exigencia— a cambiar el lente con el que miramos los destinos. Significa entender que la verdadera sostenibilidad no se decreta desde un escritorio, sino que se descubre permaneciendo cerca de la gente, de los lugares, de los animales, del poder y del cuidado.

Los nuevos mapas del turismo: Más allá del típico inventario atractivos

El análisis de este número especial nos deja una hoja de ruta clarísima sobre los temas que ya están transformando la agenda global y que debemos empezar a aplicar en nuestras realidades locales:

  • Evolución en el tiempo y el territorio: El turismo en áreas protegidas o los impactos del sector no se pueden medir en una foto fija de fin de semana; requieren entender cómo se transforman las comunidades a lo largo de los años.

  • Nuevas sensibilidades y nichos: Desde el turismo de cielos oscuros (dark-sky tourism) hasta el turismo de vida silvestre, los viajeros buscan desconexión y respeto absoluto por el entorno natural.

  • Equidad y gobernanza real: El debate ya no es solo ambiental. Temas como el rol de los museos privados, la equidad de género en el empleo turístico (gendered livelihoods) y la descolonización del turismo nos obligan a revisar quién se queda con el beneficio y quién toma las decisiones.

  • El enfoque poshumano: Una visión innovadora que nos invita a diseñar el turismo no solo pensando en el ser humano, sino integrando a la naturaleza, la flora y la fauna como actores clave con derechos propios dentro del ecosistema turístico.

De la teoría al territorio: El reto del consultor y del gestor

Para quienes trabajamos en el desarrollo de productos bioculturales, rutas patrimoniales o planes de desarrollo turístico, este enfoque es un cable a tierra. Nos recuerda que no podemos diseñar una ruta exitosa (sea de naturaleza, de aviturismo o gastronómica) si no entendemos primero el tejido social que la rodea.

Aplicar esta mirada en el día a día nos permite:

  1. Frenar la turistificación destructiva: Evitar que la cultura local se convierta en un simple decorado de exportación y asegurar que siga siendo un orgullo vivo para su gente.

  2. Fortalecer la bioeconomía: Conectar las cadenas de valor tradicionales —como la agricultura ancestral o la artesanía— directamente con la experiencia del visitante, generando ingresos justos donde realmente se necesitan.

  3. Diseñar con autenticidad: Los productos turísticos más potentes y competitivos en el mercado internacional hoy en día son aquellos que nacen de la verdad del territorio, no de fórmulas genéricas copiadas de otros países.

El turismo sostenible del futuro ya no se trata de llenar hoteles; se trata de gestionar el bienestar de un territorio de manera integral. La academia nos está dando las herramientas conceptuales; a nosotros, los profesionales del sector, nos toca ensuciarnos los zapatos, escuchar a la comunidad y transformar esa sensibilidad en proyectos viables, rentables y, sobre todo, humanos.

Edson Larrea Sánchez | Proyecta 180 



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