Ecuador tiene todo. Lo que le falta es pasar del plan a
la pisada.
Llevo años trabajando en proyectos turísticos en Ecuador:
elaborando propuestas técnicas, diseñando planes de desarrollo, acompañando
procesos en territorio. Y una cosa se repite con demasiada frecuencia: el
diagnóstico es impecable, la estrategia está bien formulada, y sin embargo algo
se pierde en el camino entre el documento y la realidad.
No lo digo como crítica fácil. Lo digo porque lo he visto
desde adentro.
El país tiene un argumento turístico extraordinario: cuatro
mundos en un solo territorio, una biodiversidad única que es fantástica como
base territorial, una cocina que está siendo reconocida globalmente, y
comunidades que guardan saberes que no se improvisan. Todo eso existe. No hace
falta inventarlo.
Lo que hace falta es ejecutar con la misma calidad con que
planificamos.
¿Qué significa, en concreto, pasar del discurso a la
acción?
Significa que el guardia patrimonial de una casa museo tenga
formación real, no un tríptico plastificado. Significa que la señalética en un
bosque protector no sea solo un requisito del proyecto, sino una herramienta
que el visitante realmente entiende y usa. Significa que cuando un municipio
declara a su territorio "destino gastronómico", haya detrás una
cadena de valor funcionando: productores, cocineros, guías, alojamientos, y una
narrativa que conecta todo eso con la experiencia del viajero.
Significa también que los presupuestos lleguen a tiempo, que
los procesos no extingan la energía de los equipos antes de que empiece el
trabajo, y que los instrumentos de planificación sirvan de algo más que para
archivar.
He participado en mesas técnicas donde las ideas son buenas
y los actores tienen voluntad. El problema no suele ser la intención. El
problema es la continuidad.
El turista de hoy no busca folletos. Busca verdad.
Hay un perfil de viajero que ya no se conforma con el
atractivo en fotografía. Quiere sentir que lo que visita es genuina, que la
comunidad detrás de esa experiencia se beneficia de su presencia, y que el
territorio no va a estar igual de deteriorado cuando su hijo lo visite en
veinte años.
Ecuador puede responderle a ese viajero con honestidad.
Tiene los elementos. Pero esa respuesta no se improvisa: se planifica, se
financia, se evalúa y se ajusta.
Más oficio, menos evento
Una de las deudas pendientes del sector es salir del ciclo
de lanzamientos y entrar en el ciclo del seguimiento. Que los planes no mueran
con el cambio de autoridad. Que los proyectos de señalética, accesibilidad,
rutas culturales o desarrollo comunitario tengan continuidad real.
Desde mi experiencia como consultor, puedo decir que las
mejores intervenciones no son las más espectaculares, sino las que alguien se
encargó de sostener en el tiempo. Eso requiere equipos técnicos estables,
presupuestos oportunos y voluntad institucional más allá del período de
gobierno.
Lo que está en juego
Ecuador compite en un mercado global donde países con menos
naturaleza y menos cultura han logrado posicionarse mejor, porque han sido más
constantes en la ejecución. La brecha no es de recursos naturales ni de talento
humano. La brecha es de gestión.
Cerrar esa brecha es el trabajo real. Y es un trabajo que no
cabe en un discurso de apertura.
Edson Larrea Sánchez | Proyecta 180

Correcto 100%. Luego de algo más de 25 años trabajando en el despegue definitivo, se evidencia que seguimos hablando de las mismas fórmulas sin resultados a la vista; en definitiva, aún no encontramos la salida. Toca revisar, reconocer que se hizo mal y corregir urgentemente.
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